Detectar a tiempo la artritis puede evitar el daño articular y frenar su progresión

Detectar a tiempo la artritis puede evitar el daño articular y frenar su progresión

Los avances en diagnóstico y tratamiento han transformado el pronóstico de unas patologías que pueden afectar a la autonomía y la calidad de vida

 Córdoba, 30 de septiembre de 2026.- Detectar una artritis en sus primeras fases y comenzar cuanto antes un tratamiento adecuado para cada paciente puede marcar una diferencia importante en la evolución de la enfermedad. Los avances registrados en las últimas décadas han permitido pasar de un escenario en el que algunas de estas patologías podían provocar deformidades y discapacidad, a otro en el que es posible controlar la inflamación, evitar el daño articular y alcanzar la remisión en muchos pacientes, según destaca el doctor Manuel Romero, jefe del servicio de Reumatología del Hospital Quirónsalud Córdoba.

El doctor Romero señala, con motivo de la celebración mañana del Día Nacional de la Artritis, y el comienzo del mes de octubre, dedicado a esta enfermedad, que bajo el término artritis se agrupan enfermedades muy diferentes y recuerda que “no existe una única artritis ni todas se tratan de la misma manera. La artritis reumatoide, la artritis psoriásica, las espondiloartritis o la gota tienen causas y mecanismos distintos y requieren un abordaje individualizado”.

Según los datos del estudio Episer de la Sociedad Española de Reumatología, la artritis reumatoide afecta al 0,82% de la población adulta española, más de 300.000 personas, mientras que la artritis psoriásica alcanza aproximadamente al 0,58%, unas 230.000 personas. En el caso de la gota, la prevalencia se sitúa alrededor del 2,4%, lo que supone cerca de 880.000 afectados.

Estas enfermedades pueden tener una repercusión importante más allá del dolor. “Una articulación inflamada puede dificultar acciones cotidianas como abrir una botella, vestirse, escribir, conducir, caminar, subir escaleras o desempeñar un trabajo, afectando a la autonomía, el descanso, la actividad física y la calidad de vida”, afirma el doctor Romero.

Una de las primeras cuestiones que debe aclararse es que la artritis no es una única enfermedad y tampoco debe confundirse con la artrosis. Aunque ambas pueden provocar dolor, se trata de procesos diferentes.

En la artrosis existe una enfermedad de toda la articulación en la que intervienen el cartílago, el hueso y las estructuras que la rodean, mientras que en las artritis inflamatorias hay un proceso inflamatorio que en muchas de ellas está relacionado con una alteración del sistema inmunitario. Una misma persona puede, además, presentar ambas patologías.

Tampoco todo dolor articular significa que exista una artritis. Algunas molestias pueden deberse a artrosis, tendinitis o problemas mecánicos. En otros casos, sin embargo, se atribuyen al paso del tiempo síntomas que corresponden a una enfermedad inflamatoria que debería haberse estudiado.

El doctor Romero señala que uno de los signos más característicos es la inflamación de una articulación sin que haya existido un golpe o traumatismo que la explique. También resulta especialmente significativa la rigidez matutina prolongada, que puede hacer que al levantarse las manos estén agarrotadas, resulte difícil cerrar los puños o sea necesario moverse durante un tiempo para recuperar la movilidad.

Asimismo, la inflamación repetida de una rodilla o un tobillo, la hinchazón de un dedo completo, el dolor persistente en los talones o un dolor lumbar que empeora durante el reposo y mejora al comenzar a moverse también pueden aparecer en determinadas enfermedades. El cansancio intenso es otro síntoma que puede acompañar a algunas artritis inflamatorias. El especialista recuerda que una articulación que se inflama de forma brusca, provoca un dolor muy intenso y se acompaña de fiebre o deterioro del estado general, requiere una valoración médica rápida para descartar, entre otras posibilidades, una infección articular.

El diagnóstico precoz es determinante

 El doctor recuerda el concepto de “ventana de oportunidad terapéutica”, que hace referencia al periodo inicial de algunas artritis inflamatorias en el que un diagnóstico preciso y el comienzo del tratamiento adecuado pueden modificar su evolución posterior. “Una articulación persistentemente inflamada no debería permanecer durante meses sin estudiar esperando simplemente a que se pase”, señala el doctor Romero. Actuar en las primeras fases permite controlar antes la inflamación y reducir el riesgo de que se produzca un daño articular irreversible.

El diagnóstico comienza con la historia clínica y la exploración de las articulaciones y puede complementarse con diferentes pruebas en función de cada caso, como análisis de sangre, radiografías, ecografía musculoesquelética o resonancia magnética. La ecografía musculoesquelética se ha convertido en una herramienta especialmente útil para valorar directamente las articulaciones y detectar signos de inflamación, líquido articular o afectación de tendones, entre otros hallazgos.

El especialista recuerda, además, que una analítica normal no descarta por sí sola una artritis. Hay pacientes con artritis reumatoide que presentan factor reumatoide y anticuerpos anti-CCP negativos y también pueden existir marcadores inflamatorios normales en determinadas fases de la enfermedad.

Tratamientos que han cambiado el pronóstico

 El doctor Romero resalta que el abordaje de estas enfermedades también ha experimentado una transformación profunda. A los tratamientos clásicos se han incorporado en las últimas décadas los tratamientos biológicos y las terapias dirigidas, que permiten actuar sobre moléculas o vías concretas implicadas en la respuesta inflamatoria.

La existencia de diferentes mecanismos de acción permite adaptar el tratamiento a las características de cada paciente y cambiar de estrategia cuando una terapia no consigue un control suficiente de la enfermedad, pierde eficacia o provoca efectos adversos. Este avance ha cambiado las expectativas de los pacientes. Una enfermedad que antiguamente podía conducir a una discapacidad importante, puede hoy mantenerse durante largos periodos con una actividad mínima o incluso en remisión.

Esto no significa que las artritis inflamatorias hayan dejado de ser enfermedades crónicas. Requieren seguimiento médico, controles periódicos, prevención de complicaciones y una elección individualizada del tratamiento. Pero el horizonte de los pacientes es hoy muy diferente al de hace unas décadas.

El objetivo tampoco se limita a reducir la inflamación. “No nos conformamos con que el paciente tenga menos dolor”, explica el doctor Romero. “Buscamos controlar la inflamación, evitar el daño articular y conseguir la remisión siempre que sea posible”.

El tratamiento se complementa además con hábitos que contribuyen a preservar la salud y la funcionalidad, como mantener una actividad física adaptada, cuidar la musculatura, controlar el peso, abandonar el tabaco y prestar atención al riesgo cardiovascular. Frente a la antigua recomendación de reposo, actualmente se considera que mantenerse activo, salvo en determinadas circunstancias o fases de inflamación intensa, forma parte del abordaje de estas enfermedades.

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