¿Se podría considerar la diabetes una enfermedad inflamatoria?

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Pablo Pelegrín Vivancos, Universidad de Murcia; Diego Angosto Bazarra, Universidad de Murcia y Santiago Cuevas Gonzalez, Universidad de Murcia

La inflamación es una respuesta coordinada por las células de nuestro sistema inmunitario ante un daño en el organismo o ante la presencia de algún agente infeccioso.

Esta puede ser localizada en una zona del cuerpo y se caracteriza por producir dolor, enrojecimiento, calor, rigidez e hinchazón. Aunque parezca que es una mala señal del organismo, la inflamación es necesaria para eliminar bacterias o virus que provocan las infecciones.

Sin embargo, hay veces que el sistema inmunitario ataca o destruye tejidos de nuestro cuerpo por error. De esta forma, participa en el desarrollo de muchos tipos de enfermedades como la artritis, el párkinson o la diabetes.

La inflamación nos alerta de posibles daños

Cuando se produce algún tipo de daño en nuestro cuerpo (una lesión de tejidos producido por una caída o una infección), entran en juego los inflamasomas. Estos son uno de los componentes de nuestro sistema inmune responsables de producir la inflamación cuando detectan daños o presencia de patógenos. Es decir, nuestras células poseen estos inflamasomas para que produzca la inflamación necesaria según el daño producido.

Tener estos inflamasomas bajo control es muy importante pues si están siempre en funcionamiento son perjudiciales para nuestro cuerpo porque podemos desarrollar o empeorar enfermedades. Como ejemplo de enfermedades asociadas al descontrol de estos inflamasomas encontramos enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide, lupus sistémico eritematoso, o neurodegenerativas como el alzhéimer, esclerosis sistémica o el párkinson.

Hoy en día, los inflamasomas son de interés médico como posible objetivo para aliviar o incluso curar distintas afecciones. Por eso, es importante saber cómo funcionan para poder desarrollar futuros fármacos que alivien diferentes enfermedades, como han hecho recientemente en la Universidad de Murcia. Pero antes de conocer sus hallazgos, recordaremos cómo se desarrolla esta enfermedad.

¿Por qué se produce la diabetes?

Cuando comemos, la glucosa de los alimentos llega a nuestra sangre. En este momento, las células beta (células pancreáticas) producen insulina (una hormona) y esta permite que la glucosa entre en los tejidos, como los músculos o el cerebro. Así puede convertirse en energía.

Si nuestro páncreas no puede producir insulina o esta insulina esta defectuosa, la glucosa en sangre no puede entrar a los tejidos. Entonces se acumula en la sangre, lo que puede ser peligroso para la salud. A esta situación la conocemos como diabetes.

Se trata de una enfermedad crónica autoinmune que afecta a un gran número de personas en el mundo. De hecho, fue la causa directa de muerte de más de 1,5 millones de personas en 2019 según la OMS.

Hasta ahora, la diabetes solamente se había contemplado como una enfermedad metabólica. No se había tenido en cuenta el origen de la inflamación. Pero conocerlo implica que podemos desarrollar nuevas herramientas terapéuticas para poder tratar a estos pacientes.

¿Qué tiene que ver la diabetes con la inflamación?

Recientemente se ha observado que los inflamasomas están interviniendo en el desarrollo de diabetes.

Diferentes estudios han demostrado que las personas enfermas con diabetes tienen activado el inflamasoma en las células beta.

Además, en otro trabajo realizado en ratones a los que se les había eliminado el inflamasoma genéticamente, estos no desarrollaron diabetes o lo hacían en mucho menos nivel que los que tienen inflamasoma.

Por todo esto, se cree que el inflamasoma libera unas proteínas que activan la inflamación, provocando la destrucción de estas células del páncreas. Como consecuencia se desarrolla la diabetes. Por tanto, la diabetes tendría una fase preclínica ligada a una inflamación crónica.

Aunque conocemos los mecanismos celulares que podrían intervenir en este proceso y qué genes podrían estar involucrados, el origen de esta inflamación y los factores que las desencadenan podrían variar y aún no son del todo conocidos.

Un círculo vicioso de inflamación

Pero la inflamación no solamente tiene un papel importante en producir la diabetes, sino también en los problemas derivados de esta. Sabemos que un aumento de la glucosa en sangre continuado en el tiempo por encima de lo valores normales (como 120 mg/dl) puede provocar inflamación.

A su vez, esta inflamación podría producir lesiones importantes en los vasos sanguíneos y en órganos como el riñón o los ojos. Aunque los mecanismos implicados en este proceso están aún en fase de estudio. Por eso, controlar esta inflamación crónica también resulta indispensable para un tratamiento óptimo de pacientes con diabetes.

Hasta ahora no hay tratamientos efectivos disponibles para atenuar la inflamación y evitar la enfermedad renal, hipertensión, la pérdida de visión, así como otros problemas derivados de la inflamación inducida por altos valores de glucosa circulante en estos pacientes.

Por eso, un equipo de investigación de la Universidad de Murcia y del Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria (IMIB) está intentando demostrar el papel de la activación del inflamasoma en estas enfermedades y buscar nuevos fármacos para inhibir el inflamasoma y prevenir los efectos de la inflamación crónica en pacientes diabéticos.

El primer paso en este camino es saber de qué forma se produce la activación de los inflamasomas. Así, su estudio, publicado en la revista Science Advances, desveló que hay unas partes específicas de estos inflamasomas que son necesarias para activarlos. Estos resultados son muy útiles para controlar la activación de los inflamasomas en distintas patologías y enfermedades como la diabetes.

Hasta ahora, todos los fármacos que se estaban desarrollando actuaban contra una región específica, pero la novedad de este estudio se basa en que se ha señalado una nueva región de esa proteína con una función esencial en la activación de esas inflamaciones. Por eso, la investigación abre la puerta a desarrollar nuevos fármacos que actúen sobre esa región.The Conversation

Pablo Pelegrín Vivancos, Investigador Distinguido “Beatriz Galindo” en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular B e Inmunología, Universidad de Murcia; Diego Angosto Bazarra, Investigador posdoctoral, Universidad de Murcia y Santiago Cuevas Gonzalez, Investigator Principal, Fisiologia cardiovascular y renal, Molecular Inflammation Group, Instituto Murciano de Investigación Biomédica (IMIB-Arrixaca), Universidad de Murcia

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.