Pobreza, enfermedad, cárcel o drogas alejan a casi 3.000 menores de sus hogares

Hace unos años Patricia sostuvo en brazos a un bebé de apenas unas semanas de vida que no era de su familia y que lloraba sin parar. El síndrome de abstinencia era el responsable del llanto, pues su madre era toxicómana y había enganchado a su hijo a los estupefacientes al haber estado consumiéndolos durante el embarazo. La administración le había retirado la custodia del niño temporalmente, decisión que aplica también si se producen episodios que sitúan a un menor de edad en situación de “desprotección social” como maltrato, enfermedad o ingreso en prisión de los progenitores o falta de recursos económicos, así como cuando son los propios progenitores los que dejan en manos de la Xunta la guarda de sus vástagos mientras solucionan sus problemas.
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