Manuel Manrique de Lara: un militar ilustrado en la historia de la música española

Manuel Manrique de Lara: un militar ilustrado en la historia de la música española

El músico y militar Manuel Manrique de Lara.

Diana Díaz González, Universidad de Oviedo

Manuel Manrique de Lara (Cartagena, Murcia, 1863 – Saint Blasien, Alemania, 1929) fue una figura atípica en la historia de la música española: un militar ilustrado que compaginó la espada y la pluma, con una pasión definida por la música en diferentes vertientes.

Como personaje destacado en la vida cultural de Madrid en la época de la Restauración española, fue reconocido por su perfil humanístico. Su sensibilidad y talento para el arte le llevaron a cultivar, de forma versátil, diversas vertientes artísticas: la crítica y la composición musical, la pintura y la labor de recolección de la lírica popular propia del folclorista.

Crítico musical e introductor de Strauss

Manrique de Lara fue uno de los críticos musicales más influyentes a inicios del siglo XX en España. Tuvo gran prestigio como transmisor de nuevos ideales estéticos, que provocaron debates públicos en prensa a cargo de críticos-compositores, y reforzaron la presencia de la música en los medios escritos.

Con sus artículos, sobre todo en el diario El Mundo desde 1907, defendió la renovación de la música española, influido por los modelos musicales alemanes. Richard Wagner fue el foco principal de su propuesta estética. Además, fue uno de los principales introductores de la música de Richard Strauss en España, mientras atacaba con firmeza a Claude Debussy y a Giacomo Puccini.

Por un lado, el romanticismo idealista y sentimental de vocación germana que defendió el crítico se oponía al impresionismo francés de un Debussy. Manrique de Lara rechazaba frontalmente el arte moderno francés. Censuró la doble vertiente, pictórica y musical, del arte impresionista, al entender que no respondía a una progresión desde los cánones de la tradición.

Por otro lado, el crítico vio en Puccini la perdurabilidad de la hegemonía italiana en la escena teatral madrileña del siglo XX, en un sentido además rupturista que no encajaba con sus modelos formales y dramáticos en la ópera.

Faceta militar y diplomática

En este sentido, Manrique de Lara dirigió toda su labor artística hacia la consolidación de unos ideales estéticos homogéneos, representados en una tendencia postromántica idealista, de inspiración nacionalista. Su pasión por la música, y también la pintura, la complementó con su carrera militar en la Infantería de Marina, por lo que fue comparado con figuras como Rimski-Kórsakov.

Ya en el cénit de su carrera militar y diplomática, Manrique de Lara trabajó como mandatario de la Sociedad de Naciones, para la protección de minorías griegas, albanesas y turcas, a partir de 1924. No en vano, su interés alrededor de los acontecimientos que rodeaban a los Balcanes y la “Cuestión de Oriente” conectaba con sus campañas como folclorista, que le habían llevado en 1911 al Mediterráneo Oriental tras la pista del Romancero.

Precisamente, la década de 1910 fue la década de consagración artística del autor, con su nombramiento como académico de número en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Y dicha década culminaba con los episodios más destacados también del Manrique de Lara militar en las campañas del Protectorado español en Yebala, Marruecos, que el propio autor relató en Una campaña en Yebala (1919-1922), un libro que se acerca a la literatura épica.

Discípulo de Chapí

Como compositor, Manrique de Lara fue el único discípulo reconocido de Ruperto Chapí, nombre indispensable del teatro lírico español. Destacó además en la música instrumental, con una producción sinfónica que sería además el camino hacia la composición de su obra definitiva: un proyecto regeneracionista de ópera española que finalmente quedó inconcluso sobre la partitura.

Dos de sus obras sinfónicas más importantes, la Sinfonía nº 1 en Mi menor, “en estilo antiguo” (1892) y la trilogía La Orestiada (1893) –especialmente valorada ésta por sus procedimientos armónicos y temáticos de inspiración wagneriana–, han sido recuperadas en edición crítica de Benito Lauret (ICCMU, 2008), y en registro discográfico por la Filarmónica de Málaga bajo dirección de José Luis Temes.

La Orestiada. 1. Agamenón (Manuel Manrique de Lara, 1893) interpretada por la Orquesta Filarmónica de Málaga bajo la dirección de José Luis Temes. Verso.

Un proyecto de ópera del Cid

Manrique de Lara compuso otro poema sinfónico, Leyenda, que obtuvo uno de los premios del Concurso de Bellas Artes de 1910, estrenándose al año siguiente. Leyenda surgió a partir de la composición de Rodrigo de Vivar, ópera inacabada de Manrique de Lara que marcó además su interés hacia el Romancero. La idea de Manrique de Lara de una ópera española llevaba implícito un nacionalismo literario que, con las peculiaridades de España, pretendía encajar dentro de los esquemas estético musicales, con vocación universal, del drama wagneriano.

Manrique de Lara fue uno de los colaboradores más destacados del filólogo e historiador Ramón Menéndez Pidal para la recopilación de los textos y melodías del Romancero sefardí. La tradición lírica popular sirvió a Manrique de Lara para seguir las huellas de la poesía épica castellana dentro de su proyecto de ópera española. El Romancero sería el depositario de la expresión genuina e intrahistórica del alma popular y la historia española. Su labor como folclorista le llevó hasta el norte de África y el Mediterráneo Oriental. Las indagaciones en el legado popular, y otras trascripciones de fuentes musicales antiguas, le orientaron hacia estudios sobre la música antigua española, en el marco del Centro de Estudios Históricos que dirigió Menéndez Pidal.

Presentación del libro “Manuel Manrique de Lara”, de la autora de este artículo, en la Biblioteca Nacional en 2016.

Zarzuelas y música de cámara

Manrique de Lara compuso otras obras de teatro musical, destacando la zarzuela en un prólogo y tres actos El ciudadano Simón (1900), concebida a bordo del acorazado Pelayo durante la guerra americana de 1898. El ciudadano Simón, con libro de Eduardo Lustonó y Antonio Palomero, se relaciona con los modelos promovidos por Chapí en la renovación de la zarzuela grande, bajo la influencia del drama rural y del verismo.

El Cuarteto en Mi bemol mayor para dos violines, viola y violonchelo “en estilo antiguo”, en la tradición del cuarteto clásico-romántico, es su única obra de música de cámara. Este cuarteto volvió a ver la luz en edición crítica del Cuarteto Bécquer y la aquí firmante en 2015, año de su reestreno en concierto en el Museo Nacional del Romanticismo en Madrid y en la Sociedad Filarmónica de Oviedo.

Manrique de Lara fue un personaje singular en su época, con una biografía fascinante en la que su pasión por el arte, bajo unos ideales coherentes en toda su trayectoria, se entremezcla con los deberes del militar, participando en acontecimientos históricos significativos ya en el siglo XX.The Conversation

Diana Díaz González, Profesora de Musicología y Educación Musical, Universidad de Oviedo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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